Zürcher Nachrichten - Error de Bruselas con Magyar

EUR -
AED 4.291758
AFN 74.202607
ALL 95.815209
AMD 433.445389
ANG 2.091694
AOA 1072.792813
ARS 1638.40494
AUD 1.632378
AWG 2.106437
AZN 1.993295
BAM 1.953301
BBD 2.354015
BDT 143.435854
BGN 1.949377
BHD 0.441035
BIF 3476.643619
BMD 1.16862
BND 1.490992
BOB 8.106627
BRL 5.827203
BSD 1.168769
BTN 111.100842
BWP 15.865699
BYN 3.30597
BYR 22904.946195
BZD 2.351092
CAD 1.591993
CDF 2706.523045
CHF 0.916449
CLF 0.027111
CLP 1067.031657
CNY 7.981964
CNH 7.983998
COP 4357.140135
CRC 531.417756
CUC 1.16862
CUP 30.968422
CVE 110.609481
CZK 24.399786
DJF 207.686974
DKK 7.472353
DOP 69.651316
DZD 154.742285
EGP 62.555716
ERN 17.529296
ETB 183.560937
FJD 2.570728
FKP 0.860363
GBP 0.864037
GEL 3.137759
GGP 0.860363
GHS 13.082739
GIP 0.860363
GMD 85.884964
GNF 10257.560439
GTQ 8.932774
GYD 244.537105
HKD 9.156638
HNL 31.12043
HRK 7.533505
HTG 152.963517
HUF 365.308206
IDR 20369.684178
ILS 3.440411
IMP 0.860363
INR 111.377167
IQD 1530.891812
IRR 1536734.911165
ISK 143.401016
JEP 0.860363
JMD 184.134393
JOD 0.828519
JPY 183.752009
KES 150.962307
KGS 102.161318
KHR 4688.502378
KMF 491.41186
KPW 1051.757731
KRW 1723.888782
KWD 0.359981
KYD 0.974154
KZT 542.216212
LAK 25665.809059
LBP 104476.037875
LKR 373.498897
LRD 214.587827
LSL 19.66788
LTL 3.45063
LVL 0.706886
LYD 7.403239
MAD 10.80627
MDL 20.12425
MGA 4855.614784
MKD 61.623628
MMK 2453.808931
MNT 4179.773496
MOP 9.431632
MRU 46.686663
MUR 54.645088
MVR 18.060971
MWK 2035.157276
MXN 20.475164
MYR 4.630655
MZN 74.68652
NAD 19.668118
NGN 1602.095525
NIO 42.911641
NOK 10.849156
NPR 177.759268
NZD 1.992245
OMR 0.449344
PAB 1.169004
PEN 4.097227
PGK 5.063043
PHP 72.127425
PKR 325.753226
PLN 4.257591
PYG 7266.701961
QAR 4.257292
RON 5.192639
RSD 117.376262
RUB 87.646253
RWF 1706.769077
SAR 4.384889
SBD 9.379188
SCR 16.184988
SDG 701.747774
SEK 10.872329
SGD 1.49224
SHP 0.872493
SLE 28.806613
SLL 24505.366399
SOS 667.868137
SRD 43.771819
STD 24188.068435
STN 24.716307
SVC 10.228868
SYP 129.161674
SZL 19.667847
THB 38.284118
TJS 10.941999
TMT 4.096012
TND 3.372059
TOP 2.813756
TRY 52.841014
TTD 7.939841
TWD 36.940654
TZS 3032.568437
UAH 51.507494
UGX 4386.505198
USD 1.16862
UYU 47.07976
UZS 14021.099238
VES 571.388131
VND 30770.925421
VUV 138.807225
WST 3.173023
XAF 655.118749
XAG 0.015983
XAU 0.000257
XCD 3.158254
XCG 2.106904
XDR 0.812927
XOF 652.677815
XPF 119.331742
YER 278.861871
ZAR 19.640877
ZMK 10518.970289
ZMW 21.889991
ZWL 376.295068

Error de Bruselas con Magyar




La noche del 12 de abril de 2026 marcó un hito en Hungría: Péter Magyar y su partido Tisza obtuvieron 138 de los 199 escaños del parlamento, desbancando al primer ministro Viktor Orbán y a Fidesz, que se quedó con apenas 55 representantes. La victoria, cimentada en un 54 % de los votos, otorgaba a Magyar una mayoría constitucional y la capacidad de aprobar reformas profundas. En Bruselas, la noticia fue recibida con júbilo. La presidenta de la Comisión Europea celebró que los húngaros hubiesen «escogido Europa», mientras el primer ministro polaco Donald Tusk difundía un vídeo de felicitación y se autoproclamaba padrino de la nueva era.

Para muchos líderes europeos la caída de Orbán parecía el final de una pesadilla. Durante 16 años el dirigente húngaro había bloqueado o diluido políticas comunitarias, protegido los intereses de Moscú y Jerusalén y vetado ayudas clave para Ucrania. Su derrota se interpretó como un aval a los valores europeos y un signo de que la extrema derecha retrocedía. Sin embargo, este entusiasmo escondía una grave falta de previsión: los funcionarios comunitarios tenían poco más que un brindis al sol. Las instituciones europeas no habían diseñado un plan para acompañar la transición húngara. Su estrategia seguía siendo confiar en que las urnas lo arreglaran todo, como ya ocurrió en Polonia.

Por qué un cambio de gobierno no basta
El articulista Alberto Alemanno advertía en El País que Bruselas llevaba años posponiendo decisiones estructurales sobre Hungría. La política comunitaria se había reducido a una única apuesta desesperada: esperar que Orbán perdiese las elecciones. Sin embargo, derrotar al líder no equivale a neutralizar su influencia. El nuevo gobierno heredará una arquitectura legal diseñada para perpetuar a Fidesz: un presidente con poder de veto, un Tribunal Constitucional lleno de magistrados leales con mandatos de 12 años y un sistema electoral que dificulta que una mayoría popular se traduzca en una mayoría parlamentaria. Estas «agresiones constitucionales» garantizan que el llamado orbanismo pueda sobrevivir sin su creador.

La experiencia de Polonia ofrece un ejemplo aleccionador. Tras la derrota del partido Ley y Justicia en 2023, la Comisión Europea desbloqueó miles de millones de euros basándose en promesas de reforma. Dos años después, Varsovia sigue luchando contra un aparato judicial capturado y un presidente que bloquea las leyes. La UE celebró demasiado pronto y dejó al nuevo gobierno solo en una batalla desigual. Repetir este error en Budapest sería irresponsable. Sin un plan de «redemocratización» que ayude a desmontar el Estado profundo construido por Fidesz, los recursos europeos corren el riesgo de financiar a la vieja guardia y alimentar nuevas frustraciones sociales.

Un conservador proeuropeo: ¿qué propone Péter Magyar?
Péter Magyar no es un radical de izquierdas; fue funcionario de Fidesz y conoce las entrañas del régimen. Su discurso se centra en el respeto al Estado de derecho, la lucha contra la corrupción y la reapertura económica. Ha prometido restablecer las relaciones con la UE, desbloquear 18 000 millones de euros en fondos congelados y apoyar el préstamo de 90 000 millones para Ucrania. También quiere acelerar las negociaciones de adhesión de Kiev y encaminar a Hungría hacia la neutralidad energética, aunque ha fijado 2035 como fecha para abandonar el petróleo ruso, más tarde que el objetivo de 2027 marcado por Bruselas.

No obstante, Magyar mantendrá algunas de las políticas clave de Orbán. Se opone al pacto migratorio de la UE, mantendrá la valla fronteriza y defenderá los beneficios fiscales que han atraído inversiones chinas y alemanas. Su partido Tisza forma parte del grupo del Partido Popular Europeo y se declara conservador. La nueva mayoría desea una cooperación pragmática con Bruselas pero rechaza cualquier cesión de soberanía. En ese equilibrio entre nacionalismo y europeísmo reside el verdadero error de cálculo de la UE: asumir que una Hungría gobernada por Magyar será totalmente alineada con Bruselas.

Varsovia como nuevo centro de gravedad
Otro aspecto subestimado por la burocracia comunitaria es el efecto regional de la victoria de Tisza. Péter Magyar anunció que su primer viaje oficial será a Varsovia, un gesto que subraya la intención de reconstruir el grupo de Visegrado alrededor de la alianza húngaro‑polaca. Tras años de tensiones, Polonia gana un socio que comparte su apuesta por reforzar el flanco oriental de la OTAN y por vincular las ayudas de la UE con la defensa de Ucrania. Esto dará a Varsovia mayor poder de negociación en Bruselas y aislará al eslovaco Robert Fico, cuyo gobierno populista había encontrado cobertura en los vetos de Orbán.

La cooperación Varsovia–Budapest podría acelerar proyectos como la interconexión energética regional, el corredor ferroviario Báltico‑Adriático o la defensa conjunta contra la influencia rusa. Al mismo tiempo, ambos países podrían coordinarse para suavizar ciertas políticas europeas, especialmente en materia migratoria. Para Bruselas, que confiaba en reducir el margen de maniobra de Polonia tras la salida de Orbán, esta nueva entente significa que Varsovia recuperará protagonismo en el Consejo y el Parlamento europeos.

Ecos populares y advertencias
Entre los ciudadanos de Europa Central reina una mezcla de alivio y escepticismo. Muchos celebran la derrota de Orbán como un momento histórico y esperan que Hungría reconstruya sus instituciones democráticas. Otros recuerdan que Magyar podría ser un “caballo de Troya”, al mantener estructuras conservadoras y alianzas empresariales de la era Fidesz. Comentarios en foros subrayan que no será un gobierno “woke”, sino un proyecto pragmático centrado en la justicia y la eficiencia económica. Hay quien critica que Bruselas condiciona la entrega de fondos a la adopción de sus políticas, acusándola de chantaje y de haber tolerado demasiado tiempo el autoritarismo húngaro.

También hay voces que ven en la elección una victoria de la juventud, hastiada de la corrupción y la nostalgia del pasado. La comparación con Polonia es recurrente: muchos destacan que los conservadores polacos nunca toleraron las relaciones de Orbán con Moscú y celebran la caída del «último amigo de Putin» en la UE. Sin embargo, persiste el temor de que la burocracia europea repita sus errores, confunda una alternancia con una transformación y devuelva el control a las mismas élites que han capturado el Estado durante década y media.

Conclusión
La victoria de Péter Magyar abre una oportunidad para Hungría y para la Unión Europea. Pero la euforia inicial de Bruselas puede transformarse en frustración si no se abordan los obstáculos estructurales. La UE debe acompañar la transición con recursos y asesoramiento, sin caer en la complacencia ni imponer recetas que alimenten el euroescepticismo. Hungría necesita reformas profundas para deshacer el entramado legal y clientelar del orbanismo; de lo contrario, un nuevo gobierno podría quedarse paralizado antes de empezar.

Al mismo tiempo, Polonia refuerza su posición como mediador entre el Este y el Oeste de Europa. La cooperación entre Varsovia y Budapest puede impulsar la defensa del Estado de derecho y acelerar proyectos estratégicos, pero también desafiar ciertas directrices de Bruselas. En este tablero en movimiento, el mayor error de cálculo sería creer que la derrota de Orbán soluciona automáticamente todos los problemas. La historia reciente demuestra que los populismos se reinventan y que la reconstrucción democrática es un proceso largo y frágil.