Zürcher Nachrichten - Error de Bruselas con Magyar

EUR -
AED 4.29132
AFN 74.203609
ALL 95.805414
AMD 433.4011
ANG 2.091481
AOA 1072.683853
ARS 1638.188454
AUD 1.635513
AWG 2.106222
AZN 1.985616
BAM 1.953101
BBD 2.353774
BDT 143.421198
BGN 1.949178
BHD 0.440993
BIF 3476.288379
BMD 1.1685
BND 1.49084
BOB 8.105799
BRL 5.801133
BSD 1.16865
BTN 111.08949
BWP 15.864078
BYN 3.305632
BYR 22902.60579
BZD 2.350851
CAD 1.591894
CDF 2706.246758
CHF 0.916396
CLF 0.027083
CLP 1065.929196
CNY 7.981149
CNH 7.986584
COP 4356.694927
CRC 531.363456
CUC 1.1685
CUP 30.965258
CVE 110.598731
CZK 24.400589
DJF 207.665735
DKK 7.472548
DOP 69.678194
DZD 154.723383
EGP 62.546481
ERN 17.527504
ETB 183.542149
FJD 2.573271
FKP 0.860275
GBP 0.863931
GEL 3.137447
GGP 0.860275
GHS 13.081357
GIP 0.860275
GMD 85.886397
GNF 10256.527946
GTQ 8.931861
GYD 244.512118
HKD 9.155872
HNL 31.117461
HRK 7.535193
HTG 152.947888
HUF 364.799928
IDR 20373.386901
ILS 3.452103
IMP 0.860275
INR 111.408203
IQD 1530.735387
IRR 1536577.888516
ISK 143.398483
JEP 0.860275
JMD 184.115578
JOD 0.828489
JPY 183.758944
KES 150.972215
KGS 102.150883
KHR 4688.022868
KMF 491.349122
KPW 1051.650263
KRW 1724.431853
KWD 0.360026
KYD 0.974054
KZT 542.160809
LAK 25663.184483
LBP 104465.362619
LKR 373.460733
LRD 214.565871
LSL 19.666146
LTL 3.450278
LVL 0.706815
LYD 7.402479
MAD 10.80515
MDL 20.122194
MGA 4855.118969
MKD 61.663486
MMK 2453.558203
MNT 4179.346411
MOP 9.430668
MRU 46.681467
MUR 54.860921
MVR 18.059139
MWK 2034.93947
MXN 20.461022
MYR 4.633061
MZN 74.679165
NAD 19.665886
NGN 1601.931692
NIO 42.907309
NOK 10.841901
NPR 177.741105
NZD 1.989903
OMR 0.449285
PAB 1.168885
PEN 4.096709
PGK 5.062529
PHP 72.106988
PKR 325.719728
PLN 4.256204
PYG 7265.959457
QAR 4.256826
RON 5.190447
RSD 117.422683
RUB 87.636497
RWF 1706.594681
SAR 4.384441
SBD 9.378229
SCR 15.60968
SDG 701.689458
SEK 10.869375
SGD 1.492529
SHP 0.872403
SLE 28.803202
SLL 24502.862465
SOS 667.79835
SRD 43.767328
STD 24185.596923
STN 24.713781
SVC 10.227823
SYP 129.148477
SZL 19.665661
THB 38.292338
TJS 10.940881
TMT 4.095594
TND 3.371707
TOP 2.813468
TRY 52.838293
TTD 7.939029
TWD 36.968998
TZS 3049.786129
UAH 51.502231
UGX 4386.05699
USD 1.1685
UYU 47.074949
UZS 14019.666522
VES 571.329748
VND 30758.433277
VUV 138.793042
WST 3.172698
XAF 655.05181
XAG 0.015991
XAU 0.000257
XCD 3.157931
XCG 2.106689
XDR 0.812844
XOF 652.608671
XPF 119.331742
YER 278.833394
ZAR 19.63285
ZMK 10517.907557
ZMW 21.887754
ZWL 376.256618

Error de Bruselas con Magyar




La noche del 12 de abril de 2026 marcó un hito en Hungría: Péter Magyar y su partido Tisza obtuvieron 138 de los 199 escaños del parlamento, desbancando al primer ministro Viktor Orbán y a Fidesz, que se quedó con apenas 55 representantes. La victoria, cimentada en un 54 % de los votos, otorgaba a Magyar una mayoría constitucional y la capacidad de aprobar reformas profundas. En Bruselas, la noticia fue recibida con júbilo. La presidenta de la Comisión Europea celebró que los húngaros hubiesen «escogido Europa», mientras el primer ministro polaco Donald Tusk difundía un vídeo de felicitación y se autoproclamaba padrino de la nueva era.

Para muchos líderes europeos la caída de Orbán parecía el final de una pesadilla. Durante 16 años el dirigente húngaro había bloqueado o diluido políticas comunitarias, protegido los intereses de Moscú y Jerusalén y vetado ayudas clave para Ucrania. Su derrota se interpretó como un aval a los valores europeos y un signo de que la extrema derecha retrocedía. Sin embargo, este entusiasmo escondía una grave falta de previsión: los funcionarios comunitarios tenían poco más que un brindis al sol. Las instituciones europeas no habían diseñado un plan para acompañar la transición húngara. Su estrategia seguía siendo confiar en que las urnas lo arreglaran todo, como ya ocurrió en Polonia.

Por qué un cambio de gobierno no basta
El articulista Alberto Alemanno advertía en El País que Bruselas llevaba años posponiendo decisiones estructurales sobre Hungría. La política comunitaria se había reducido a una única apuesta desesperada: esperar que Orbán perdiese las elecciones. Sin embargo, derrotar al líder no equivale a neutralizar su influencia. El nuevo gobierno heredará una arquitectura legal diseñada para perpetuar a Fidesz: un presidente con poder de veto, un Tribunal Constitucional lleno de magistrados leales con mandatos de 12 años y un sistema electoral que dificulta que una mayoría popular se traduzca en una mayoría parlamentaria. Estas «agresiones constitucionales» garantizan que el llamado orbanismo pueda sobrevivir sin su creador.

La experiencia de Polonia ofrece un ejemplo aleccionador. Tras la derrota del partido Ley y Justicia en 2023, la Comisión Europea desbloqueó miles de millones de euros basándose en promesas de reforma. Dos años después, Varsovia sigue luchando contra un aparato judicial capturado y un presidente que bloquea las leyes. La UE celebró demasiado pronto y dejó al nuevo gobierno solo en una batalla desigual. Repetir este error en Budapest sería irresponsable. Sin un plan de «redemocratización» que ayude a desmontar el Estado profundo construido por Fidesz, los recursos europeos corren el riesgo de financiar a la vieja guardia y alimentar nuevas frustraciones sociales.

Un conservador proeuropeo: ¿qué propone Péter Magyar?
Péter Magyar no es un radical de izquierdas; fue funcionario de Fidesz y conoce las entrañas del régimen. Su discurso se centra en el respeto al Estado de derecho, la lucha contra la corrupción y la reapertura económica. Ha prometido restablecer las relaciones con la UE, desbloquear 18 000 millones de euros en fondos congelados y apoyar el préstamo de 90 000 millones para Ucrania. También quiere acelerar las negociaciones de adhesión de Kiev y encaminar a Hungría hacia la neutralidad energética, aunque ha fijado 2035 como fecha para abandonar el petróleo ruso, más tarde que el objetivo de 2027 marcado por Bruselas.

No obstante, Magyar mantendrá algunas de las políticas clave de Orbán. Se opone al pacto migratorio de la UE, mantendrá la valla fronteriza y defenderá los beneficios fiscales que han atraído inversiones chinas y alemanas. Su partido Tisza forma parte del grupo del Partido Popular Europeo y se declara conservador. La nueva mayoría desea una cooperación pragmática con Bruselas pero rechaza cualquier cesión de soberanía. En ese equilibrio entre nacionalismo y europeísmo reside el verdadero error de cálculo de la UE: asumir que una Hungría gobernada por Magyar será totalmente alineada con Bruselas.

Varsovia como nuevo centro de gravedad
Otro aspecto subestimado por la burocracia comunitaria es el efecto regional de la victoria de Tisza. Péter Magyar anunció que su primer viaje oficial será a Varsovia, un gesto que subraya la intención de reconstruir el grupo de Visegrado alrededor de la alianza húngaro‑polaca. Tras años de tensiones, Polonia gana un socio que comparte su apuesta por reforzar el flanco oriental de la OTAN y por vincular las ayudas de la UE con la defensa de Ucrania. Esto dará a Varsovia mayor poder de negociación en Bruselas y aislará al eslovaco Robert Fico, cuyo gobierno populista había encontrado cobertura en los vetos de Orbán.

La cooperación Varsovia–Budapest podría acelerar proyectos como la interconexión energética regional, el corredor ferroviario Báltico‑Adriático o la defensa conjunta contra la influencia rusa. Al mismo tiempo, ambos países podrían coordinarse para suavizar ciertas políticas europeas, especialmente en materia migratoria. Para Bruselas, que confiaba en reducir el margen de maniobra de Polonia tras la salida de Orbán, esta nueva entente significa que Varsovia recuperará protagonismo en el Consejo y el Parlamento europeos.

Ecos populares y advertencias
Entre los ciudadanos de Europa Central reina una mezcla de alivio y escepticismo. Muchos celebran la derrota de Orbán como un momento histórico y esperan que Hungría reconstruya sus instituciones democráticas. Otros recuerdan que Magyar podría ser un “caballo de Troya”, al mantener estructuras conservadoras y alianzas empresariales de la era Fidesz. Comentarios en foros subrayan que no será un gobierno “woke”, sino un proyecto pragmático centrado en la justicia y la eficiencia económica. Hay quien critica que Bruselas condiciona la entrega de fondos a la adopción de sus políticas, acusándola de chantaje y de haber tolerado demasiado tiempo el autoritarismo húngaro.

También hay voces que ven en la elección una victoria de la juventud, hastiada de la corrupción y la nostalgia del pasado. La comparación con Polonia es recurrente: muchos destacan que los conservadores polacos nunca toleraron las relaciones de Orbán con Moscú y celebran la caída del «último amigo de Putin» en la UE. Sin embargo, persiste el temor de que la burocracia europea repita sus errores, confunda una alternancia con una transformación y devuelva el control a las mismas élites que han capturado el Estado durante década y media.

Conclusión
La victoria de Péter Magyar abre una oportunidad para Hungría y para la Unión Europea. Pero la euforia inicial de Bruselas puede transformarse en frustración si no se abordan los obstáculos estructurales. La UE debe acompañar la transición con recursos y asesoramiento, sin caer en la complacencia ni imponer recetas que alimenten el euroescepticismo. Hungría necesita reformas profundas para deshacer el entramado legal y clientelar del orbanismo; de lo contrario, un nuevo gobierno podría quedarse paralizado antes de empezar.

Al mismo tiempo, Polonia refuerza su posición como mediador entre el Este y el Oeste de Europa. La cooperación entre Varsovia y Budapest puede impulsar la defensa del Estado de derecho y acelerar proyectos estratégicos, pero también desafiar ciertas directrices de Bruselas. En este tablero en movimiento, el mayor error de cálculo sería creer que la derrota de Orbán soluciona automáticamente todos los problemas. La historia reciente demuestra que los populismos se reinventan y que la reconstrucción democrática es un proceso largo y frágil.