Zürcher Nachrichten - Sombras en el reciclaje

EUR -
AED 4.236702
AFN 76.139772
ALL 93.404971
AMD 420.508216
AOA 1059.0311
ARS 1713.661212
AUD 1.63963
AWG 2.076532
AZN 1.962383
BAM 1.954883
BBD 2.315524
BDT 141.963408
BHD 0.4335
BIF 3411.614467
BMD 1.153629
BND 1.475533
BOB 13.651774
BRL 5.854781
BSD 1.149646
BTN 109.600014
BWP 15.675715
BYN 3.344346
BYR 22611.125577
BZD 2.312225
CAD 1.618391
CDF 2624.505383
CHF 0.932219
CLF 0.02698
CLP 1065.31818
CNY 7.788498
CNH 7.787895
COP 3616.94948
CRC 522.159592
CUC 1.153629
CUP 30.571165
CVE 110.214734
CZK 24.214094
DJF 204.724855
DKK 7.474886
DOP 66.699291
DZD 153.293567
EGP 58.192036
ERN 17.304433
ETB 183.716918
FJD 2.552346
FKP 0.855699
GBP 0.856068
GEL 3.016724
GGP 0.855699
GHS 13.43987
GIP 0.855699
GMD 84.786541
GNF 10092.309643
GTQ 8.771999
GYD 240.490318
HKD 9.047098
HNL 30.804684
HRK 7.534469
HTG 150.326652
HUF 363.349217
IDR 20756.090376
ILS 3.51227
IMP 0.855699
INR 109.803029
IQD 1506.086997
IRR 1586383.88046
ISK 142.000089
JEP 0.855699
JMD 182.003837
JOD 0.817881
JPY 180.461587
KES 149.281774
KGS 100.885006
KHR 4652.039611
KMF 492.599566
KRW 1645.294067
KWD 0.35714
KYD 0.958055
KZT 544.766822
LAK 26036.125512
LBP 102955.451897
LKR 385.94398
LRD 207.511761
LSL 19.016027
LTL 3.406366
LVL 0.697819
LYD 7.355582
MAD 10.739802
MDL 20.090837
MGA 4916.714978
MKD 61.544411
MMK 2422.255061
MNT 4145.598238
MOP 9.287503
MRU 46.204727
MUR 54.151159
MVR 17.835214
MWK 1993.473542
MXN 19.964874
MYR 4.725243
MZN 73.728591
NAD 19.015862
NGN 1569.177788
NIO 42.310336
NOK 10.953826
NPR 175.358503
NZD 1.960171
OMR 0.443565
PAB 1.149636
PEN 3.896172
PGK 5.147608
PHP 70.29042
PKR 319.287413
PLN 4.304212
PYG 6854.814255
QAR 4.202683
RON 5.245898
RSD 117.399053
RUB 91.49872
RWF 1687.715641
SAR 4.317605
SBD 9.322596
SCR 16.983364
SDG 692.177424
SEK 10.961147
SGD 1.478047
SLE 28.492096
SOS 656.988972
SRD 43.585831
STD 23877.788151
STN 24.488619
SVC 10.059325
SZL 19.013164
THB 38.436617
TJS 10.611177
TMT 4.049237
TND 3.379759
TRY 54.839941
TTD 7.806372
TWD 37.25057
TZS 3051.585927
UAH 51.312553
UGX 4317.0311
USD 1.153629
UYU 46.258101
UZS 13761.604354
VES 860.256886
VND 30326.018551
VUV 137.339694
WST 3.154588
XAF 655.652288
XAG 0.019843
XAU 0.000284
XCD 3.11774
XCG 2.071937
XDR 0.815421
XOF 655.652288
XPF 119.331742
YER 274.905073
ZAR 18.977552
ZMK 10384.038595
ZMW 21.595963
ZWL 371.468021

Sombras en el reciclaje




Muchos ciudadanos creen que depositar los envases en el contenedor amarillo garantiza su reciclaje. Sin embargo, las cifras oficiales revelan que España recicla apenas algo más del 40 % de sus residuos municipales y no alcanza ni la mitad de las metas marcadas por la Unión Europea para 2025. La tasa de reciclaje efectivo de envases de plástico ronda el 41 %, y la situación se agrava en la fracción de materia orgánica, que a menudo termina en la bolsa de resto por falta de instalaciones y de información al ciudadano. El optimismo que transmiten algunas campañas contrasta con los números: el Ministerio para la Transición Ecológica reconoció el año pasado que solo se recuperan cuatro de cada diez botellas de plástico de un solo uso, muy lejos del 70 % que exigen las leyes actuales.

La diversidad de envases y el exceso de embalajes complican la separación en origen y saturan las plantas de clasificación. Según las organizaciones ambientales, cerca del 40 % de lo que llega al contenedor amarillo se rechaza en las plantas porque no cumple los requisitos; esos residuos acaban incinerados o en vertederos. Los tetrabriks son casi imposibles de recuperar completamente porque combinan cartón, plástico y aluminio, y los envases pequeños o de colores no superan los filtros de las cintas. Mientras los ciudadanos separan su basura, buena parte del plástico recogido se exporta a países con menos controles medioambientales. España es el tercer país de la Unión Europea que más residuos plásticos envía a naciones no pertenecientes a la OCDE, con más de trece millones de kilogramos al mes embarcados hacia Malasia, Turquía o Portugal. El valor de esas exportaciones alcanzó los 86 millones de dólares en 2022, un aumento del 50 % respecto al año anterior.

Dudas sobre el monopolio estadístico
Detrás del contenedor amarillo hay un modelo de gestión controlado por una sola entidad privada: Ecoembes. Esta sociedad, formada por las principales empresas envasadoras y distribuidores del país, gestiona la recogida selectiva de envases y calcula las tasas de reciclaje. Ecologistas y expertos denuncian desde hace años que las cifras oficiales están infladas y que se falsea el número de envases puestos en el mercado para que los porcentajes de recuperación parezcan más altos. Los datos del propio Ministerio y de algunas comunidades autónomas muestran grandes discrepancias con los que ofrece Ecoembes; mientras la empresa aseguraba que en 2021 se recogió el 71 % de las botellas de plástico, estudios independientes apuntan a que la recogida separada apenas alcanzaba el 33 %. El control de los datos impide verificar si España cumple los objetivos y dilata la implantación de soluciones alternativas.

El actual Sistema de Responsabilidad Ampliada del Productor (SCRAP) se articula en torno a convenios firmados entre Ecoembes, ayuntamientos y empresas. Es un modelo lucrativo para las compañías envasadoras porque pagan tasas más bajas de las que corresponderían si se declararan todos los envases vendidos. Los ecologistas critican que el Gobierno carece de medios para auditar estas cifras y que el monopolio de los datos permite retrasar la implantación de un Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), similar al que funciona en países como Alemania y que obliga a pagar un pequeño depósito recuperable por cada envase de bebida.

El debate sobre el sistema de depósito
La directiva europea de plásticos de un solo uso obliga a los Estados miembros a recolectar selectivamente el 77 % de las botellas de plástico en 2025 y el 90 % en 2029. La ley española de residuos establece que si no se logra reciclar al menos el 70 % de las botellas en 2023, deberá implantarse un sistema de depósito en un plazo máximo de dos años. En noviembre de 2024 el Gobierno reconoció que no se alcanzaba ese porcentaje, por lo que, según la normativa, el SDDR debería estar operativo como tarde en noviembre de 2026.

A diferencia del modelo actual, el SDDR mantiene las botellas y latas dentro de un circuito cerrado, lo que permite fabricar nuevos envases con material reciclado de mayor calidad y reduce drásticamente el abandono en la vía pública. Especialistas del sector recuerdan que en Alemania o Noruega las tasas de retorno superan el 95 % y que los envases recolectados son de una pureza que permite convertirlos en nuevas botellas. También señalan que mezclar plásticos con otros materiales, como ocurre ahora, impide fabricar nuevos envases y condena al material a usos de menor valor, como la producción de tejidos. Los defensores del SDDR argumentan que los datos reales del Ministerio, alrededor del 41 % de recogida de botellas, demuestran la necesidad de un cambio de modelo y que sin un sistema con garantías de trazabilidad no se podrán cumplir los objetivos europeos.

Incendios y falta de control
A la opacidad de los datos se suma un fenómeno inquietante: los incendios en plantas de reciclaje. En 2023 la Guardia Civil registró 109 incendios en instalaciones de tratamiento de residuos y en 2024 se alcanzó un nuevo récord, con 143 siniestros documentados. Al menos 22 de las empresas afectadas estaban homologadas por Ecoembes para gestionar material recuperado de la recogida selectiva y diez de ellas eran adjudicatarias de contratos. Solo en abril de 2025 se incendiaron instalaciones en Guadalajara, Vitoria, Almería e Igualada, y en mayo un fuego en Silla (Valencia) obligó a cortar el tráfico ferroviario. Organizaciones ambientalistas y sindicatos alertan de que muchos de estos incendios no tienen causas naturales y que podrían esconder intereses económicos para eliminar material acumulado o cobrar seguros.

La fragmentación del sistema de residuos español agrava el problema. Coexisten diecisiete modelos autonómicos diferentes y apenas el 12 % de las plantas son auditadas anualmente. La Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados introdujo sanciones de hasta 1,75 millones de euros por infracciones graves y prohibió los plásticos de un solo uso, pero su aplicación es desigual y más del 40 % de las sanciones impuestas no se ejecutan. La ausencia de un registro público de incendios y de una trazabilidad digital de los residuos dificulta conocer cuántos materiales se pierden y qué empresas se benefician de la falta de controles. Algunos informes denuncian que adjudicatarios almacenan plástico de forma irregular, lo entierran o lo exportan a países con estándares cuestionables.

Exportaciones y colonialismo de residuos
Las deficiencias de la infraestructura de reciclaje española impulsan una práctica que muchos califican de colonialismo de residuos: exportar basura plástica a otros países. España generó 1,8 millones de toneladas de residuos de envases de plástico en 2021, pero su tasa de reciclaje cayó del 51 % en 2019 al 45,7 % en 2021 y se mantiene por debajo de la media europea. Para aliviar la saturación de plantas y el aumento del impuesto de 0,45 euros por kilogramo de envase no reutilizable, muchas empresas optan por enviar los residuos a Asia o Turquía, donde los controles ambientales son más laxos. Las organizaciones de justicia ambiental denuncian que esta práctica desplaza la contaminación a comunidades vulnerables y contradice el discurso oficial de economía circular.

¿Qué se puede mejorar?
Frente a esta situación, diversos actores proponen medidas para recuperar la confianza de los ciudadanos y cumplir los objetivos europeos. Las principales son:

  • Implantar el sistema de depósito y devolución. Se trata de una obligación legal si no se cumplen los objetivos de recogida y una herramienta que ha demostrado eficiencias superiores al 90 % en otros países. Permitiría recuperar envases de alta calidad y reducir la basura dispersa.
  • Crear un registro público y una trazabilidad digital. Los expertos reclaman un sistema de datos verificado por la administración que obligue a productores y gestores a declarar los envases que ponen en el mercado y el destino final de los residuos, con auditorías independientes y acceso público a la información.
  • Unificar criterios entre comunidades autónomas. La fragmentación del sistema provoca desigualdades y dificulta el control. Una armonización normativa permitiría aplicar sanciones de manera uniforme, mejorar la gestión y facilitar campañas de educación ambiental coherentes.
  • Impulsar la reducción en origen. Además de reciclar, es necesario reducir la generación de residuos. La Ley 7/2022 fija objetivos de reducción del 13 % en 2025 y del 70 % en el uso de plásticos de un solo uso para 2030, pero las empresas siguen utilizando envases complejos y capas de material que dificultan el reciclaje. Fomentar la venta a granel, el uso de envases reutilizables y la eliminación de embalajes innecesarios son pasos esenciales.
  • Mayor vigilancia sobre las exportaciones de residuos. España debe garantizar que los materiales enviados al exterior se gestionan de acuerdo con normas ambientales adecuadas. La Comisión Europea trabaja en un tratado global contra el comercio de residuos plásticos y varios países han prohibido la importación de residuos de naciones que no demuestran una gestión responsable.

Conclusión
Algo turbio ocurre con el reciclaje en España. La brecha entre el relato oficial y la realidad de los residuos refleja un sistema opaco, con incendios recurrentes en instalaciones, exportaciones masivas de basura y datos poco fiables. La ciudadanía sigue separando sus envases con la esperanza de contribuir a la economía circular, pero el modelo actual no garantiza que esos materiales se reciclen. A menos de un año de que venza el plazo para implantar el sistema de depósito y devolución, el país se enfrenta a la necesidad de reformar profundamente la gestión de residuos, mejorar la transparencia y asegurar que la responsabilidad recae en quienes ponen los envases en el mercado. Solo así podrá España abandonar las sombras y situarse a la altura de los países que han hecho del reciclaje un pilar real de la sostenibilidad.