Zürcher Nachrichten - Refugiados norcoreanos añoran a sus familias detrás de una frontera impenetrable

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Refugiados norcoreanos añoran a sus familias detrás de una frontera impenetrable
Refugiados norcoreanos añoran a sus familias detrás de una frontera impenetrable / Foto: ANTHONY WALLACE - AFP

Refugiados norcoreanos añoran a sus familias detrás de una frontera impenetrable

Después de hacer una reverencia y dar una ofrenda de fruta y pescado seco, Ryh Jae-hong tira una copa de alcohol hacia la cerca de alambre de púas que separa la isla surcoreana de Gyodong de Corea del Norte.

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Los surcoreanos realizan este ritual fúnebre durante el festival Chuseok, que celebra la cosecha otoñal, en altares levantados a lo largo de la frontera para honrar a sus familiares que permanecieron en el Norte.

A solo dos kilómetros del altar de Manghyangdae, frente a la punta norte de Gyodong, agricultores norcoreanos trabajan la tierra bajo banderas rojas y un cercano letrero gigante que dice "¡Viva el socialismo!"

"Ellos están allí, espero que estén bien", dice Ryh. Su padre huyó al sur al final de la Guerra de Corea en los años 1950, pero su abuela y otros familiares quedaron atrás y no volvió a saber de ellos.

La isla Gyodong, en el delta del río Han, recibió a miles de desplazados durante la guerra.

Muchos cruzaron en barcos pequeños o a nado cuando las fuerzas chinas, aliadas con los norcoreanos, avanzaron sobre el pueblo de Yeonbaek.

No sabían entonces que sería su último cruce.

Los desplazados encontraron algo de consuelo en las golondrinas de la isla, que según la leyenda, mandan mensajes a través de la frontera más impenetrable del mundo.

Telescopios instalados en el altar de Manghyangdae son su único medio de ver lo que fue su hogar, al otro de la cerca de púas.

Muchos refugiados de primera generación han muerto, y entre los pocos que siguen vivos hay una profunda tristeza.

- Reunificación esperada -

"Somos un pueblo de corazones rotos. Aunque hoy tenemos abundancia, mis padres, hermanos y hermanas todos siguen en Corea del Norte", lamentó Chai Jae-ok, de 94 años.

"Vine al Sur y tuve que abandonarlos. ¿De qué sirve vivir con lujos si no puedo verlos de nuevo? Día y noche, no paro de llorar esperando una reunificación".

"Quiero ver que suceda antes de cerrar los ojos para siempre", expresó el anciano.

Pero su sueño permanece esquivo por ahora.

Corea del Norte expresó recientemente su disposición de retomar el diálogo con Estados Unidos, pero también dejó claro que no pretende hablar con el Sur y calificó a Seúl como un "Estado hostil".

Pyongyang desmanteló todas las instituciones dedicadas a la reunificación y demolió las carreteras y vías férreas que conectan a los dos países, construidas en períodos de distensión en los años 2000.

- Gran dolor -

"Mi único deseo es que incluso si no hay reunificación durante mi vida, que un intercambio entre el Norte y el Sur me permita al menos llorar en la tumba de mis padres", dice Chai.

"Está a solo seis kilómetros de aquí. En coche son solo 10 minutos. ¿Existe dolor más grande?", preguntó.

Min Ok-sun, de 92 años, dejó a sus padres y cuatro hermanos en el Norte.

"Dejé mi patria a los 17 y nunca los vi de nuevo", recuerda.

Se casó con otro refugiado en Gyodong, Kim Ching-san, un excombatiente de 96 años que realizaba misiones de infiltración en el Norte.

"Cuando veo los pájaros regresar a sus nidos al ponerse el sol, pienso que los humanos también tenemos necesidad de volver a casa. Es nuestro instinto", dice Kim.

"Mi esposa y yo tenemos formas diferentes de lidiar con la añoranza por nuestra patria. Ella se consuela con cosas simples, como acurrucarse debajo de una manta. Yo no puedo olvidar", admite.

"Cada día lucho por dentro, como si aún estuviera en guerra. Por eso me veo más viejo que ella".

Refugiados y otros ancianos se reúnen en días festivos en Gyodong para cantar viejas baladas coreanas de la época bajo ocupación japonesa, de 1910 a 1945.

"Son canciones que todo el mundo en el Sur y el Norte conocían antes de la división", cuenta Chang Gwang-hyuck, un voluntario que dirige las sesiones y cuyo abuelo venía del Norte.

"Reflejan las aspiraciones y emociones de la gente en ese tiempo. Lo que estos ancianos más desean es aliviar su nostalgia", asegura Chang.

"Cuando veo esta gente que dejó sus casas a los 20 y no ha podido regresar, siento una profunda tristeza".

T.Furrer--NZN