Zürcher Nachrichten - Trump recula en Groenlandia

EUR -
AED 4.238266
AFN 72.705309
ALL 95.668561
AMD 435.658397
ANG 2.065855
AOA 1058.268309
ARS 1609.771702
AUD 1.639387
AWG 2.080184
AZN 1.97751
BAM 1.950038
BBD 2.323724
BDT 141.568013
BGN 1.972637
BHD 0.435974
BIF 3415.123752
BMD 1.154055
BND 1.475559
BOB 7.972546
BRL 6.110604
BSD 1.153786
BTN 107.862753
BWP 15.732717
BYN 3.500472
BYR 22619.477726
BZD 2.320434
CAD 1.585014
CDF 2625.474851
CHF 0.91074
CLF 0.026905
CLP 1062.377083
CNY 7.963499
CNH 7.967717
COP 4274.065722
CRC 538.905302
CUC 1.154055
CUP 30.582457
CVE 109.940623
CZK 24.503702
DJF 205.455588
DKK 7.471427
DOP 68.486744
DZD 152.485097
EGP 60.289738
ERN 17.310825
ETB 181.835175
FJD 2.558422
FKP 0.864455
GBP 0.866701
GEL 3.133279
GGP 0.864455
GHS 12.577001
GIP 0.864455
GMD 85.40008
GNF 10112.85554
GTQ 8.837848
GYD 241.389876
HKD 9.04104
HNL 30.538368
HRK 7.532406
HTG 151.36079
HUF 393.26443
IDR 19567.002288
ILS 3.597022
IMP 0.864455
INR 108.141357
IQD 1511.414412
IRR 1517726.563899
ISK 143.791167
JEP 0.864455
JMD 181.263615
JOD 0.818185
JPY 183.607265
KES 149.473342
KGS 100.919682
KHR 4610.436957
KMF 493.935903
KPW 1038.59276
KRW 1735.923728
KWD 0.35366
KYD 0.961472
KZT 554.688597
LAK 24776.113307
LBP 103329.822982
LKR 359.91496
LRD 211.135221
LSL 19.463106
LTL 3.407624
LVL 0.698076
LYD 7.386175
MAD 10.781197
MDL 20.09289
MGA 4810.847387
MKD 61.669046
MMK 2423.253558
MNT 4119.601018
MOP 9.312942
MRU 46.184533
MUR 53.675008
MVR 17.830323
MWK 2000.714273
MXN 20.680943
MYR 4.545786
MZN 73.744287
NAD 19.462938
NGN 1564.587431
NIO 42.454371
NOK 11.041017
NPR 172.580059
NZD 1.976919
OMR 0.443748
PAB 1.153806
PEN 3.988896
PGK 4.980263
PHP 69.186784
PKR 322.126581
PLN 4.278601
PYG 7535.700782
QAR 4.219015
RON 5.096766
RSD 117.418159
RUB 96.218081
RWF 1678.761398
SAR 4.333505
SBD 9.288507
SCR 15.852941
SDG 693.586815
SEK 10.807898
SGD 1.479539
SHP 0.86584
SLE 28.44801
SLL 24199.968523
SOS 659.360285
SRD 43.26264
STD 23886.608183
STN 24.427715
SVC 10.095171
SYP 127.82927
SZL 19.469387
THB 37.907216
TJS 11.081899
TMT 4.039192
TND 3.407531
TOP 2.778687
TRY 51.146676
TTD 7.827836
TWD 36.931833
TZS 2985.152508
UAH 50.543634
UGX 4361.094896
USD 1.154055
UYU 46.492623
UZS 14066.436344
VES 524.732218
VND 30365.494792
VUV 137.374477
WST 3.166918
XAF 654.032957
XAG 0.016596
XAU 0.000253
XCD 3.118891
XCG 2.079347
XDR 0.814597
XOF 654.021656
XPF 119.331742
YER 275.299978
ZAR 19.628086
ZMK 10387.883774
ZMW 22.527728
ZWL 371.605235

Trump recula en Groenlandia




La nueva ofensiva de Washington sobre Groenlandia comenzó poco después de la reelección de Donald Trump en 2024. El mandatario recuperó una idea que había flotado en su primer mandato: que Estados Unidos debía adquirir la isla más grande del mundo, territorio autónomo de Dinamarca, porque supuestamente era vital para la seguridad nacional y para contener la influencia de Rusia y China en el Ártico. A partir de ese momento el tema pasó de ocurrencia a prioridad presidencial y en enero de 2026 el mundo contempló el súbito recrudecimiento de esa tensión.

Una escalada provocada desde Washington
En las primeras semanas de 2026, Trump endureció el tono frente a Dinamarca y a sus aliados europeos. No solo insinuó la posibilidad de adquirir Groenlandia “por las buenas o por las malas”; también amenazó con aranceles del 10 % a productos de ocho países europeos a partir de febrero y con elevarlos al 25 % en junio si no se negociaba la venta. La presión incluyó advertencias veladas sobre un posible uso de la fuerza y un llamado a que los europeos asumieran que solo Estados Unidos podía proteger la isla.

Sus mensajes se justificaban en la narrativa de que Dinamarca es incapaz de defender su territorio frente a potencias rivales y de que un acuerdo sería beneficioso para todos. Sin embargo, la respuesta en Europa fue de rechazo rotundo. El gobierno danés repitió que Groenlandia no está en venta; dirigentes del Parlamento europeo acusaron a Washington de chantaje y suspendieron la ratificación de un tratado comercial con EE. UU.; y los primeros ministros de los países afectados declararon que no permitirán la ruptura del derecho internacional.

Las declaraciones de Trump también encontraron oposición en casa. Legisladores estadounidenses y expertos en derecho señalaron que una anexión por la fuerza violaría la Constitución y el derecho internacional. Incluso miembros de su propio partido recordaron que Estados Unidos mantiene desde 1951 un acuerdo de defensa con Dinamarca que les concede amplios derechos de uso de bases y radares en Groenlandia, por lo que comprar el territorio no aportaría ventajas estratégicas adicionales.

El impacto en los mercados y la presión de la OTAN
La escalada tuvo un efecto inmediato en los mercados. La simple amenaza de aranceles contra aliados provocó caídas en las bolsas europeas y volatilidad en Wall Street. Los inversores temían que un nuevo frente de guerra comercial se sumara a las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y Asia. Analistas financieros señalaron que el riesgo no era tanto Groenlandia en sí, sino la incertidumbre que generaba un presidente dispuesto a sacrificar el orden comercial transatlántico para lograr su objetivo. La VIX, indicador del nerviosismo de los inversores, alcanzó su nivel más alto desde noviembre de 2025.

A este panorama se añadió la dimensión militar. La idea de apoderarse de un territorio de Dinamarca planteaba un dilema casi inédito para la OTAN: si un miembro ataca a otro, ¿se aplicaría el artículo 5 del tratado, que obliga a la defensa colectiva? Expertos en seguridad señalaron que una acción así habría resquebrajado el principio fundamental de la alianza y debilitado la capacidad de Estados Unidos de proyectar su poder en Europa, Asia y Oriente Medio. La sola posibilidad de tener que elegir entre Groenlandia y la OTAN generó inquietud en el Pentágono y entre los aliados.

El giro en Davos: de la amenaza al acuerdo
Frente al creciente malestar internacional y la presión interna, el presidente Trump aprovechó el escenario del Foro Económico Mundial en Davos para recalibrar su estrategia. En un discurso de más de una hora, en el que se mezclaron elogios a la era colonial europea y arrebatos contra sus socios comerciales, anunció que no usaría la fuerza para tomar Groenlandia. Horas después, tras reunirse con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, informó en su red social que habían acordado un “marco de acuerdo” sobre el Ártico y que, en consecuencia, cancelaba los aranceles programados para febrero.

Este gesto fue recibido como un respiro. Las bolsas repuntaron con fuerza y los analistas interpretaron el mensaje como una señal de coordinación, no de confrontación. Trump aseguró que el marco negociado incluye la instalación del sistema de defensa antimisiles conocido como Cúpula Dorada en territorio groenlandés y la obtención de derechos mineros para Estados Unidos, aunque no aclaró si implicaría la cesión de soberanía. El gobierno danés remarcó que la isla seguiría siendo parte de su reino y que cualquier acuerdo debía contar con el consentimiento de Groenlandia, cuyas autoridades reiteraron que no aceptarían un trato sin su participación.

El riesgo oculto que obligó a recular
Más allá de las tensiones diplomáticas, hubo un riesgo que forzó el viraje de la Casa Blanca: la amenaza de fracturar la arquitectura de seguridad occidental. Analistas del ámbito militar y diplomático advirtieron que insistir en una anexión llevaría a otros miembros de la OTAN a cuestionar su compromiso con Estados Unidos. La alianza transatlántica garantiza el acceso a bases, espacios aéreos y cooperación en inteligencia que permiten a Washington desplegar tropas y proyectar su fuerza en todo el mundo. Sin ese apoyo, EE. UU. perdería capacidad para responder en África, Oriente Medio o el Indo‑Pacífico y se vería reducido a un actor regional.

Al mismo tiempo, la posibilidad de un conflicto entre aliados podría haber servido a los intereses de Rusia y China, que buscan ampliar su influencia en el Ártico. Moscú ha reforzado su presencia militar en el norte y Beijing ha mostrado interés en invertir en infraestructuras groenlandesas. La fractura de la OTAN facilitaría que esas potencias llenaran el vacío. También habría abierto la puerta a represalias económicas: la Unión Europea consideraba activar un instrumento contra la coerción comercial de EE. UU., un mecanismo que podría haber afectado a exportadores estadounidenses en sectores clave.

En el plano interno, la amenaza de una guerra comercial con Europa y el descontento de los mercados pusieron en peligro la recuperación económica. Muchos estadounidenses no entendían por qué arriesgar inversiones y empleos por una isla remota. Además, la Corte Suprema se preparaba para pronunciarse sobre los poderes de emergencia que Trump invocaba para imponer aranceles, y el Congreso había legislado para limitar al presidente en la retirada de tropas de Europa. El cálculo político indicaba que seguir escalando podía convertir una extravagancia en un fracaso costoso.

Hacia un compromiso incierto
El paso atrás no significó el abandono de las ambiciones estadounidenses en el Ártico. Trump sigue defendiendo que solo con la propiedad de la isla EE. UU. podrá garantizar su defensa y explotar sus recursos; insiste en que Dinamarca no puede proteger un territorio tan vasto y que la inversión estadounidense enriquecería a los groenlandeses. Pero al plegarse a un acuerdo que aborda únicamente la seguridad regional y el despliegue del escudo antimisiles, el presidente reconoció que el precio político y económico de forzar la anexión era demasiado alto.

Para Dinamarca y Groenlandia, el nuevo marco ofrece tiempo y margen para consolidar su posición. Los europeos han dejado claro que están dispuestos a fortalecer la defensa del Ártico y a permitir mayor presencia militar estadounidense, pero no cederán soberanía. Paralelamente, intensifican sus propias maniobras militares en la zona y estudian modelos de respuesta a una hipotética invasión. El Parlamento Europeo, por su parte, condiciona la reanudación del acuerdo comercial con EE. UU. a una actitud más cooperativa por parte de Washington.

La crisis ha servido de recordatorio de la importancia geopolítica del Ártico y de cómo el cambio climático, al abrir rutas marítimas y yacimientos mineros, intensifica la competencia. También ha puesto de manifiesto los límites del poder estadounidense cuando sus decisiones amenazan la cohesión de sus alianzas. Trump reculó con Groenlandia porque el riesgo de dinamitar la OTAN, encender una guerra comercial y desestabilizar los mercados pesaba más que cualquier beneficio inmediato. El episodio subraya que, en un mundo interdependiente, incluso las superpotencias deben sopesar el costo de sus ambiciones.