La tradición de votar a la izquierda en un kibutz israelí, trastocada por el 7 de octubre
Danny Rahamim piensa unos segundos en sus vecinos de kibutz y luego confirma: "Yo soy el más izquierdista aquí". Probablemente ya lo era antes del ataque de los islamistas de Hamás del 7 de octubre de 2023, y sin duda hoy también.
El israelí, de 72 años, ha pasado 50 en el kibutz de Nahal Oz, del que es su portavoz. El lugar se encuentra a tan solo unos cientos de metros de la Franja de Gaza, en el sur de Israel.
En esa zona del país, a lo largo de la frontera con el enclave palestino, varias de estas comunidades que tradicionalmente apoyaron a la izquierda -una tendencia en gran medida minoritaria a nivel nacional desde hace años- se encontraron en primera línea durante el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.
Dieciséis de los 400 habitantes de Nahal Oz fueron asesinados ese día.
Un balance que podría haber sido mucho mayor si la localidad no hubiera tenido cerca una base militar, como ocurrió en otros kibutz vecinos como Kfar Aza (64 muertos) o Beeri (102).
Desde entonces, "la gente ha cambiado. La mayoría no se ha pasado a la derecha, pero ya no creen que las cosas puedan ir mejor con nuestros vecinos" gazatíes, admite Danny, ante la inminencia de las primeras elecciones legislativas desde que se produjo el ataque, que traumatizó y radicalizó la opinión pública israelí.
"Yo no abandono", reitera este incansable militante pacifista, bajo la pérgola de su casa, llena de flores. En las paredes, los impactos de las balas ya ni se ven, tapados por una capa de pintura.
"Eres un ingenuo", le suelen decir sus hijos.
Los partidarios de la paz prácticamente han desaparecido del panorama político israelí. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, ha hecho de la no creación de un Estado palestino su principal promesa de campaña y su principal rival, el centrista Gadi Eisenkot, juró que se opondrá a ello aún más.
- "Sé por quién no voto" -
Naama Zadok-Rahamim, de 37 años, lleva una camiseta negra que rinde homenaje a uno de sus vecinos abatidos, una estrella de David en torno al cuello y mirada iracunda.
"Lo que espero de la gente que va a dirigir nuestro país es una verdadera seguridad. Alguien que se asegure de que lo que ha pasado no vuelva a pasar", afirma la mujer.
Tiempo atrás, cuando los cohetes caían aquí y las bombas del otro lado, Naama solía pensar en el sufrimiento de sus "vecinos". Pero ahora le "cuesta distinguir entre Hamás y el resto de la población".
Algo parecido le ocurre a Nadav Perez, un trabajador de hospital de 44 años. Él siempre ha votado a la extrema izquierda o a la izquierda. Antes del ataque, participaba en un proyecto de clínica para pacientes de Gaza, como se hacía en otras partes de la región. Pero al hombre que se encargaba de esa iniciativa lo mataron mientras defendía su kibutz, Kfar Aza.
Desde entonces, "mi compasión es más difusa", confiesa, con su hijo en brazos. "Es triste", reconoce, "pero me da un poco igual lo que ocurra al otro lado".
En Gaza, un territorio destrozado por tres años de una guerra desencadenada por el ataque de Hamás, el ejército israelí continúa con sus bombardeos casi a diario pese al alto el fuego pactado hace un año.
Para los comicios del martes, Nadav Perez "aún no ha decidido". "Sé por quién no voto. No voto por el primer ministro que estaba en el cargo el 7 de octubre, que nunca ha puesto un pie aquí, que nunca ha asumido su responsabilidad y nunca ha pedido perdón", responde fríamente, sin mencionar explícitamente a Netanyahu.
- Un "paraíso" para los niños -
Danny Rahamim votará por el candidato de izquierda Yair Golan, "el único que dice que hay que trabajar con los partidos árabes", señala.
Frente a Gaza, desde un puesto de observación, muestra las vallas por las que pasaron los atacantes del 7 de octubre. Las primeras casas gazatíes, a unos 750 metros, reducidas a escombros. Y, a lo lejos, la Ciudad de Gaza, arrasada. De fondo, una ráfaga de disparos.
Hace más de diez años, su hija menor, adolescente en aquel entonces, sufrió una crisis de pánico durante un bombardeo. "Si nosotros los oímos tan fuerte, ¿cómo lo pueden soportar los niños de Gaza?", preguntó la joven. En ese momento, cuenta Danny, se dijo que "quizá había hecho algo bien".
Pero ella también ha cambiado. Ya no habla de los niños de la Franja, donde más de 21.500 menores han muerto desde octubre de 2023, según Unicef. Según su padre, la mujer está convencida de que los gazatíes son "todos iguales" y que "solo esperan poder matarnos".
Aun así, ha terminado por volver con su familia al kibutz, del que se había ido. Un lugar que, "para los niños, es el paraíso", explica Danny Rahamim.
T.Furrer--NZN