Mapa cerebral revela por qué las cosquillas afectan zonas específicas del cuerpo
Una investigación reciente ha descifrado la topografía de las cosquillas en el cerebro humano, identificando zonas como el cuello, las axilas y los pies como las más sensibles. El estudio, publicado en Nature Human Behaviour, confirma que esta sensibilidad es una respuesta neurobiológica universal y evolutivamente conservada, independiente de factores culturales.
Un equipo de investigación ha elaborado un mapa de alta resolución que explica por qué las cosquillas afectan consistentemente a las mismas zonas del cuerpo en todas las personas. El estudio, liderado por los investigadores Xiong y Kilteni y publicado en la revista Nature Human Behaviour, demuestra que la sensibilidad a las cosquillas es una experiencia sensorial generalizada y compartida culturalmente.
La investigación distingue dos tipos principales de cosquillas reconocidos por la ciencia: la knismesis, provocada por un roce suave, y la gargalesis, generada por una presión más intensa que desencadena risa incontrolable. Al analizar estas respuestas, los científicos descubrieron que las zonas de máxima sensibilidad son las axilas, las costillas, la planta de los pies, el cuello y la parte posterior de las rodillas.
Los hallazgos revelan que esta sensibilidad no coincide con las áreas de mayor agudeza táctil, como las yemas de los dedos o los labios. Esto indica que el cerebro procesa las cosquillas mediante redes somatosensoriales y afectivas distintas a las utilizadas para el tacto fino utilitario. Además, la topografía de las cosquillas se diferencia claramente de los mapas corporales del dolor y el placer.
Para validar sus resultados, los investigadores compararon participantes con antecedentes culturales radicalmente diversos, específicamente de Asia Oriental y Europa. Las variaciones en la percepción de las zonas sensibles fueron prácticamente nulas entre ambos grupos. Esto sugiere que la gargalesis es un módulo somatosensorial primario, evolutivamente conservado en la especie humana, similar a los reflejos de defensa.
Al contrastar sus datos con cinco teorías históricas y contemporáneas sobre el origen de las cosquillas, desde Aristóteles hasta estudios modernos, demostraron que ninguna teoría por sí sola puede explicar completamente esta topografía. Si bien la sensibilidad es más intensa en regiones poco tocadas, su distribución responde a un mecanismo psicofisiológico más complejo de lo que se suponía.
Este trabajo marca un hito en la neurociencia del tacto afectivo al desligar las cosquillas de una simple reacción mecánica o de un mero condicionamiento social. La investigación ofrece una base sólida para comprender cómo el cerebro procesa el tacto social y la comunicación no verbal, así como los mecanismos de protección del cuerpo ante estímulos externos que mezclan alerta y respuesta afectiva.
J.Hasler--NZN